Persianas: no hay ni una en Finlandia

Anteayer por la noche llegué a Alcalá bien tarde desde Berlín. Las dos últimas noches (como quizá pudo notarse en la longitud de los posts) dormí más bien poco y prácticamente eso me hizo que, aparte de echar un vistazo en el despegue para despedirme de la fernsehturm, el resto del vuelo me lo pasase dormido.

Al llegar a casa, después de descansar un poco y contar qué tal por Alemania, tocaba irse a la cama (incluso con las tentativas de salir que tuve). Pero acostumbrado a algo que antes me pasó durante 9 meses en Finlandia y después otros 3 en Berlín, no hice algo que todo el mundo hace aquí al acostarse: bajar las persianas.

Plano general de las ventanas de Latolankatu: sin persianas en las ventanas
Ni una persiana en los pisos de Latolankatu. Lo más, unas cortinas.

Como en la foto de arriba de Latolankatu, tanto en Joensuu como en Berlín no existen las persianas. A lo más, hay unas cortias que te quitan un poco el sol directo, pero tampoco demasiado, lo cual es un problema para la mayoría de los españoles que viajamos hacia el norte. Esto es algo que puede verse también en los vídeos que hice de mi habitación de Joensuu antes de irme: no había persianas.

Bien es cierto que cuesta adaptarse; y aunque es algo más fácil porque el sol que luce por el norte no es el mismo que luce en España, hay un período que puede ser difícil: cuando los días son extremadamente largos (cuando son 20 horas de noche no molesta demasiado, no). En cualquier caso, y aunque molesta, se puede vivir por allí sin necesitar un antifaz para las horas de sueño.

Cosa que no pasa aquí: a la mañana siguiente me di cuenta de lo que es vivir sin persianas aquí. Y no es bonito.

¿Y aparte de eso qué tal la vuelta? Pues he vuelto a tener, como tras cada periodo de independencia absoluta, el efecto vuelta a casa con los padres. Qué ganas de volver a irme… 😉

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