Mi aventura finlandesa (II) – voluntariado y mudanza a la gran ciudad

Continuamos con la aventura finlandesa de César, tras su primera parte. En ésta nos cuenta los retos para tener algún ingreso que se le ocurrieron mientras estudiaba y su posterior mudanza a una ciudad más grande.


Sobrevivir en Lieksa

A todo esto, me empadroné en Lieksa y abrí una cuenta bancaria (este es nuestro post sobre bancos en Finlandia). Bueno dos, porque primero estuve en un banco en el que me hablaban solo en finés y algo hubo que no entendí o no me gustó, así que me cambié a otro. También hice algo de voluntariado con eso del “työharjoitelu” (puedes buscar por este término en Google y el nombre de la ciudad que quieras para encontrar puestos de voluntariado en Finlandia), que es la manera que tienen los finlandeses de darte oportunidades cuando acabas de llegar y no tienes ni mujer ni amigos: curra gratis de momento y ya veremos.

Voluntariado. Fuente: CC (by-sa)

Pues así fui a algunas clases de inglés para adultos y a clases de primaria a hablar a los niños en inglés y contarles de España, pero claro, me cansé. Me habían propuesto hacer un tour fenomenal por los colegios de los pueblos vecinos hablando en inglés y yo tenía claro que mi objetivo era aprender finés, así que les di plantón. Quise ponerme a dar clases de español o italiano, pero cobrando, y se me ocurrió poner un anuncio en el periódico local por un precio bastante caro, que no sirvió para nada ya que no llamó nadie para pedirme clases.

Atardeciendo en un lago.

Como os podréis suponer, mérito tras mérito, en un pueblo pequeño, la voz se corre y la intuición empezó a encender la bombillita de alarma de que allí no me quería nadie. La confirmación y la gota que colmó el vaso fue cuando llamó un señor hablando en mal inglés “que me había visto en la clase de inglés” y “que quería llevarme en su coche a ver sitios” y que “por supuesto que me pagaría”. Ay amigo, eso fue el límite. No estaba dispuesto a caer tan bajo vendiendo el poco de dignidad que me quedaba, así que gracias al dinero de mi familia, decidí pirarme a Helsinki e intentar la vida finlandesa allá.

Mudanza a Espoo

En realidad, donde encontré alojamiento bastante rápido fue en Espoo. Era una casa bastante sucia y en malas condiciones que una familia estaba reparando para alquilar las habitaciones.

Espoo. Fuente (CC: by-sa)

Había algunas personas normales, un inmigrante turco que había tenido una novia finlandesa pero la habían dejado y una chica local que acaba de irse de casa, pero algunos otros que daban más bien miedo, un profesor finlandés bastante extraño que venía de otra ciudad y un tio joven que vivía con un perro enorme y del cual acabé sabiendo que era un nazi.

Pues allí, de Espoo a Helsinki iba todos los días en tren si pagar (y al final me pillaron) para apuntarme a las movidas de Jolly Dragon, organización fiestera para gente que habla inglés por excelencia de la capital, gracias a las cuales por lo menos podía hacer lo que no pude en Lieksa, que es socializar e intentar hacer amigos. No es que me lo pasara mal, pero el hecho es que el dinero se iba yendo poco a poco y yo acabé poniéndome malo.


Y hasta aquí el segundo post de César. ¿La conclusión de la aventura? En el tercer y presumiblemente último capítulo. ¿Qué te ha gustado o impactado de este capítulo de la aventura finlandesa?