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Mi aventura finlandesa (II) – voluntariado y mudanza a la gran ciudad

Continuamos con la aventura finlandesa de César, tras su primera parte [1]. En ésta nos cuenta los retos para tener algún ingreso que se le ocurrieron mientras estudiaba y su posterior mudanza a una ciudad más grande.


Sobrevivir en Lieksa

A todo esto, me empadroné en Lieksa y abrí una cuenta bancaria (este es nuestro post sobre bancos en Finlandia [2]). Bueno dos, porque primero estuve en un banco en el que me hablaban solo en finés y algo hubo que no entendí o no me gustó, así que me cambié a otro.

También hice algo de voluntariado con eso del “työharjoitelu” (puedes buscar por este término en Google y el nombre de la ciudad que quieras para encontrar puestos de voluntariado en Finlandia), que es la manera que tienen los finlandeses de darte oportunidades cuando acabas de llegar y no tienes ni mujer ni amigos: curra gratis de momento y ya veremos.

Pues así fui a algunas clases de inglés para adultos y a clases de primaria a hablar a los niños en inglés y contarles de España, pero claro, me cansé.

Me habían propuesto hacer un tour fenomenal por los colegios de los pueblos vecinos hablando en inglés y yo tenía claro que mi objetivo era aprender finés, así que les di plantón.

Quise ponerme a dar clases de español o italiano, pero cobrando, y se me ocurrió poner un anuncio en el periódico local por un precio bastante caro, que no sirvió para nada ya que no llamó nadie para pedirme clases.

Voluntariado. Fuente: CC (by-sa) [3]

Como os podréis suponer, mérito tras mérito, en un pueblo pequeño, la voz se corre y la intuición empezó a encender la bombillita de alarma de que allí no me quería nadie. La confirmación y la gota que colmó el vaso fue cuando llamó un señor hablando en mal inglés “que me había visto en la clase de inglés” y “que quería llevarme en su coche a ver sitios” y que “por supuesto que me pagaría”. Ay amigo, eso fue el límite. No estaba dispuesto a caer tan bajo vendiendo el poco de dignidad que me quedaba, así que gracias al dinero de mi familia, decidí pirarme a Helsinki e intentar la vida finlandesa allá.

Mudanza a Espoo

En realidad, donde encontré alojamiento bastante rápido fue en Espoo. Era una casa bastante sucia y en malas condiciones que una familia estaba reparando para alquilar las habitaciones.

Espoo. Fuente (CC: by-sa) [4]

Había algunas personas normales, un inmigrante turco que había tenido una novia finlandesa pero la habían dejado y una chica local que acaba de irse de casa, pero algunos otros que daban más bien miedo, un profesor finlandés bastante extraño que venía de otra ciudad y un tio joven que vivía con un perro enorme y del cual acabé sabiendo que era un nazi.

Pues allí, de Espoo a Helsinki iba todos los días en tren si pagar (y al final me pillaron) para apuntarme a las movidas de Jolly Dragon, organización fiestera para gente que habla inglés por excelencia de la capital, gracias a las cuales por lo menos podía hacer lo que no pude en Lieksa, que es socializar e intentar hacer amigos. No es que me lo pasara mal, pero el hecho es que el dinero se iba yendo poco a poco y yo acabé poniéndome malo.


Y hasta aquí el segundo post de César. ¿La conclusión de la aventura? En el tercer y presumiblemente último capítulo. ¿Qué te ha gustado o impactado de este capítulo de la aventura finlandesa?