The world’s biggest screen

Parece ser que eso de hacer pantallas gigantes lo llevan en la sangre los finlandeses. Tras el edificio-Tetris (o sin pantallas pero igualmente a gran escala como el dominó gigante con productos del supermercado), esta vez Nokia ha utlizado en el evento Assembly (la Campus Party finlandesa, para la scene de aficionados a los ordenadores y a los juegos online) 1000 pantallas de ordenadores para reproducir un vídeo.

Y este es el vídeo de ellos reproduciendo el vídeo.

Vía: Finland For Thought



11º aniversario del Nordic Walking

unas ancianitas Nordicwalkeando
Fuente

Esta semana la dedico en mis post un poco al deporte. Y en ese sentido ¿qué mejor que hablar de un deporte inventado por finlandeses?

Dentro de poco van a celebrarse el undécimo aniversario del nordic walking, y con motivo del décimo aniversario, se organizaron en Finlandia unas jornadas de Nordic Walking en la zona de Paloheinä, en el Norte de Helsinki. Para los interesados, el grupo de Nordic Walking Suomen Latu organiza eventos colectivos de Nordic Walking los martes y sábados desde hace once años, contando en la actualidad con 250 miembros.

El deporte lo practican 7 millones de personas en todo el mundo, y sus entusiastas dicen que entre sus beneficios está que es un ejercicio que mueve más grupos de músculos, y que quema calorías de forma más eficiente que el caminar o el correr (signifique eso lo que signifique).

También es cierto que mucha gente lo practica para no perder el tono que han conseguido haciendo ski de fondo durante el invierno, pero a partir del año que viene habrá un túnel de nieve también en Helsinki, que hará las delicias de unos y especializará más a los otros.

De modo que si algunos estáis por Finlandia, y queréis practicar un poquito, ese es el lugar al que ir. Además, los finlandeses piden que sea deporte olímpico de verano. Como ellos son los mejores, así ganan el oro. Así, cualquiera. Para empezar podrían meterlo en el Finnkampen.



Estudio comparativo del comportamiento social o la (anti-) fiesta finlandesa

Es curioso lo que varían de una cultura a otra la forma de interactuar con los demás. Creo que eso fue lo primero que me llamó la atención de Finlandia, y que a día de hoy me sigue sorprendiendo.

Una de las batallitas que más cuento a mis amigos españoles es lo que yo vi, con una perspectiva muy española, la primera vez que estuve en una fiesta en Finlandia. Siguiendo con mi serie de anécdotas de abuelita sobre Finlandia, os lo cuento aquí.

Una fiesta en Finlandia
Una fiesta en Finlandia. Estos son Erasmus.

Mi primera fiesta finlandesa y lo que fui viendo

Pues bien, hijos míos, la primera vez que fui a Finlandia tomé un vuelo Madrid – Helsinki. Una vez en el destino, fui con mi pareja (por cierto, finlandés) a casa de unos amigos suyos, que es donde íbamos a pasar la noche.
Estos amigos habían preparado una fiesta en nuestro honor. Al preguntar cuándo empezaba la fiesta y quienes serían los invitados, me contestaron que la gente empezaría a llegar de un momento a otro, y que de hecho ya habían llegado algunas personas. Me dijeron que no sabían quién venía, porque todo el mundo era libre de ir y venir a su antojo, y no habían pedido confirmar asistencia.
Yo miré a mi alrededor, y no vi vasos preparados, ni platos con algo de picoteo, ni botellas listas para abrir. De hecho, mi chico salió un rato para ir a comprar nuestras bebidas. Me quedé patidifusa.

Entré en la casa y saludé a un par de personas que ya estaban allí y que conocía. Me senté con ellos y me puse a charlar.
A cabo de un rato, llegó un chico que se quedó parado en la puerta de la habitación en la que estábamos sin saludar a nadie. En cuanto me di cuenta, me levanté, le estreché la mano (me habían dicho que los finlandeses no besan, y no quería asustar a nadie) y me presenté. Resultó que el chaval era el hermano de mi chico, al que yo todavía no conocía.

Después llegaron más personas. Casi todos ellos se quedaban parados en algún sitio discreto sin decir ni mú, y todos ellos traían una botella de lo que querían beber, y que no compartían con nadie.

Fiesta de diferentes nacionalidades
El nombre de esta foto en mi ordenador era «spanish party1.jpg».

Al principio no me di cuenta del comportamiento que mostraban todas estas personas. Cada vez que llegaba uno, me levantaba e iba a saludar. Pero después de saludar a 6 ó 7 personas, pensé:

– ¡La que está aquí soy yo, y los que deben venir a saludar son ellos que son los que llegan! ¡Esto se le permite a un niño, pero no a un adulto! (¡Toma la idiotez!).

Así que a partir de ese momento no conocí a nadie más en la fiesta, porque, gracias a Dios, a ninguno se le ocurrió saludar a nadie, y yo me puse cerril en cuanto a la «buena educación». El que quería, se arrimaba a alguien ya conocido, pero nadie ampliaba su horizonte social.

Como la puerta de la casa estaba abierta, la gente entraba y salía como quería, y se iban distribuyendo por las habitaciones de la casa donde había algo que les gustaba: la música, el coche o donde hubiera más ambientillo. Muchos de ellos estaban solos y de pie contra la pared, dale que te pego con la botella que se hubiesen traído. Lo único que hacían era mirar a su alrededor.

Lo que aprendí en la fiesta de esa noche

He de decir que me lo pasé en grande en esa fiesta por la sencilla razón de que me enganché al principio con unas cuantas personas muy divertidas, y estuve toda la noche con ellas. Sin embargo, con la cantidad de gente que había en la casa (más tarde me dijeron que en la hora punta había habido unas 30 personas), no hablé con nadie más.
La ventaja que tiene todo esto es que no armamos mucho barullo, y no hacía falta levantar la voz para que te oyeran.

Botella de Don Sancho
El «Vino Español» Don Sancho.

Hasta que fui a Finlandia, pensaba que una persona que va a una fiesta, donde se supone que vas a ver a la gente de forma relajada, y que se quedaba en un rincón, era porque esa persona no quería ir a la fiesta y acudía por compromiso.
Ahora que he estado en Finlandia, y he ido a fiestas donde había una proporción muy alta de gente que no hablaba con nadie, me pregunto por qué demonios quieren ir esas personas a la fiesta. Si alguien sabe la respuesta, soy toda oídos.

He viajado ya unas pocas de veces a Finlandia, y he ido a unas cuantas fiestas, reuniones, cenas, salidas y similares. Siempre me lo he pasado muy bien porque tengo amigos allí que son muy divertidos. No obstante, todavía me encuentro en situaciones similares a las que acabo de contar, y todavía me sorprendo porque, como soy un poco dura de mollera, no he conseguido que me entre en la cabeza el comportamiento social finlandés.



Los «finlandeses voladores»

En pleno fervor olímpico que vive el mundo (y no boicoteados por Finlandia) llegué por casualidad a conocer a los «finlandeses voladores»: cuatro atletas finlandeses que dominaron las largas distancias durante las primeras dos décadas del siglo XX en los juegos Olímpicos.

El más conocido, y el más impresionante de todos, fue Paavo Nurmi, considerado por los propios finlandeses como el mejor deportista de la historia de Finlandia, y como el atleta olímpico más exitoso, con 9 medallas de oro y 3 de plata. Algunos hitos impresionantes de su carrera fueron ganar en París la carrera de 1500 y, 26 miniutos después, los 5000 metros. Justamente en esos juegos de París, de las cinco carreras que disputó en seis días, ganó todas. Durante su carrera, estableció 20 récords. No pudo participar en Los Ángeles ’32 por ser considerado ya profesional. Fue el encargado de encender la llama olímpica en Helsinki ’52 y al morir fue honrado con funerales de estado.

Estatua de Paavo Nurmi en Helsinki
Paavo, inmortalizado frente al estadio olímpico de Helsinki. Fuente (CC: by-nd)

Ville Ritola es el siguiente finlandés volador en cuanto a número de triunfos. Ganó 5 medallas de oro y 3 de plata en los años 20, justamente en las categorías en las que Nurmi no participaba, y ganó una con él en el cross country por equipos. Impuso también varios récords mundiales de la época. Como curiosidad, sólo participaba en campeonatos de EEUU, donde residía, y nunca en Finlandia.

Hannes Kolehmainen fue en cierto modo precusor de los dos atletas antes nombrados, ya que su momento de gloria se dio tres ediciones antes de los juegos de París, en los juegos de Estocolmo ’12 donde ganó tres oros y una plata, y al igual que el resto de finlandeses voladores, en larga distancia. Su cuarto oro fue en Amberes ’20. En aquella época Finlandia aún pertenecía a Rusia, y aunque la bandera rusa fuera la que ondease en las victorias del equipo finlandés, representaban todos ellos a Finlandia (tenían su propio equipo). Igualmente, batió un récord mundial de la época. En este caso, en maratón.

Albin Stenroos es el «menos excelente» (aunque excelencia como esa ya la quisiéramos todos) de todo el grupo de los finlandeses voladores. Un poco a la sombra de los otros tres, ganó la plata (cross por equipos) y el bronce (10.000, prueba que ganó Hannes Kolehmainen) en los juegos de Estocolmo ’12. Su oro se dió en París ’24 en la que ganó el maratón con más de 6 minutos de ventaja del segundo. No participó en las otras pruebas porque pensó que no podría ganarlas estando Paavo Nurmi.

Todos ellos marcaron la época más exitosa del deporte finlandés. Actualmente, el deporte más popular de Finlandia y el que mueve masas es el Hockey sobre hielo, aunque hay quien quiere continuar con esa racha de éxitos del fondo finlandés, como es el atleta natural de Joensuu Jukka Keskisalo.

Con el éxito de este año del deporte español, espero que ganemos mucho más en estos juegos olímpicos. Pero si gana un finlandés, sé que también me alegraré. Y sobre todo después de conocer la historia de los finlandeses voladores.

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