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La vida en el tamaño de una maleta

Una maleta
Fuente [1].

Hace un par de días, un par de amigos canadienses han decidido dar un giro de 180 y venirse a vivir a Berlín. ¿Por qué? Muchas razones. No era su primera vez en la ciudad, y supongo que algunas de las cosas que habían visto son las que nos han atraído a todos: gente joven, vida por todas partes, precios asequibles para ser una capital europea, música de todos tipos y en general buena vida. A ello se les unía que sus inviernos son como los finlandeses [2], y si tienes un corazón inquieto a la mínima que puedes, escapas. Sobre todo si llevas toda una vida de inviernos así.

Quedamos ayer para tomar una cerveza en el Club de Visionaire [3], y entre muchos de los temas que hablamos, uno fue el momento de dejar el piso en el que habían pasado los últimos años, y también el país donde habían pasado la mayor parte de su vida.

No es la primera vez que escucho algo así. Mucha gente lleva esa misma historia con ellos a todas partes, ese pequeño ritual antes de salir: el meter toda tu vida en una maleta. O dos máximo. Y el resto, dejarlo en tierra o venderlo.

La cosa más importante es, desde luego, el desgranar qué coño es imprescindible y qué puede dejarse atrás. Mucha gente viaja con un instrumento musical entre la lista de must have, yo viajo con mis tres libros [4], otros algún objeto que no pueden dejar atrás. Creo que lo que todos llevamos son mudas limpias, pero también creo que siempre hay algo de valor sentimental.

Y es realmente el proceso lo que me dejó pensando: deshacerte de todo hasta quedarte en lo mínimo, después asentarte, después empezar a adquirir cosas de nuevo; que es justo donde yo me encuentro ahora. Y desde esa perspectiva, no dejo de envidiar momentáneamente a quien, simplemente, está en pleno proceso contrario: reducir la vida a un par de maletas.

De hecho yo estoy ahora en el proceso contrario. Establecido en Berlín y empezando a acumular cosas, entre las que llevo ya cinco pares de zapatillas, un bajo eléctrico con amplificador Marshall, una play 2 con su tele, y un trabajo de los serios. Sólo me falta comprarme la nintendo ds con una tarjeta r4 y ya tengo el pack completo.

Echo un poco de menos la sensación de no tener objetos de más.

Bonus track: Del Amitri – Don´t I look like the kind of guy you used to hate? (escuchar)