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Mi aventura en Finlandia (III) – la vuelta y el futuro

En este post te traemos la tercera y última parte de la aventura en Finlandia de César. Si te perdiste los primeros capítulos aquí puedes leer el primero [1] y aquí el segundo [2]. En el último capítulo se le empezaba a acabar el dinero tras no conseguir trabajo y para colmo se puso malo.

Finlandia talo
Aventuras finlandesas.

Él nos lo sigue contando desde aquí.


Fui a médicos y me mandaron medicinas que costaban un riñón y que no estaban financiadas con la tarjeta de salud europea. Y como sería la cosa – os ahorro detalles escabrosos – que acabé ingresado en un hospital en el que me tenían aislado. Menos mal que un dia pude agarrar un teléfono y llamar a mi madre y a la embajada de España para decirles que por favor me echaran un cable. Desgraciadamente lo único que recibí son buenas palabras pero por el hospital no se pasó nadie.

Con el tiempo acabé poniéndome en condiciones de realizar un viaje y por suerte pude pasar el último dia del contrato de alquiler por la villa donde me había alojado. Pude recoger mis cosas antes de que las echaran a la basura. Os puedo decir que durante el viaje a España, que duró varios días ya que fui por tierra (había entrado en erupción un conocido volcán islandés y no se podía volar), me sentí el hombre más dichoso y libre del mundo por poder volver a mi tierra.

Hospital de Pikonlinna
Hospital de Pikonlinna, en Finlandia. Fuente (CC: by) [3]

Reflexiones tras la vuelta a España

En fin, vaya currículum. Seguro que alguno pregunta: “Tio, ¿y después de eso has vuelto a Finlandia?”.

Pues te diré que sí, pero desde que aquello del hospital ocurrió, han pasado varios años en los que me he preparado bastante bien para la nueva intentona. Todo empezó un dia que fui al cine en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y nos pusieron “El hombre sin pasado” de Aki Kaurismaki [7]. Me hizo pensar: “ostrás, ¡los finlandeses son seres humanos! ¡Quien lo diría!” y me dejó alucinando por la belleza de las palabras, tanto de las que entendía como las que no.

Estudiando finés en España

Pasó un año y seguíamos en crisis. No había curro, así que me apunté a la escuela de idiomas [8] y pedí a los profesores de finés que me hicieran la prueba de nivel. Parece ser que recordaba lo bastante como para entrar en segundo curso y el profe Jukka confiaba en que se fueran llenando las lagunas.

Una escuela de idiomas. Fuente (CC: by-sa) [9]

Las clases eran buenas, estructuradas. Había abundancia de materiales y claras explicaciones en español de las reglas gramaticales del finés, así que fui haciendo progresos y saqué segundo.

Luego volví a dejar el finés para ponerme con el alemán, que como es sabido, es una lengua para gente sencilla y sin ambición. Sin embargo, acabé volviendo al suomi porque ya me había convertido en un idiomaníaco redomado que tenía media docena de C1 y el finés era como la espinita clavada. La profesora que tuve en tercero y cuarto es Pirjo Raskaila y es un ángel de mujer: amable, paciente y comprometida. En las clases hacíamos multitud ejercicios de gramática con explicaciones abundantes y detalladas hasta la eminencia. Todo ello salpicado con comentarios amistosos entre compañeros sobre las particularidades de Finlandia, lo locos que están y las cosas molonas que hacen.

En la EOI de Jesús Maestro desde luego se adquiere una buena base de gramática. También bastantes nociones culturales sobre el país al que sueñas con ir, pero el vocabulario es un poco difícil de adquirir porque te dan demasiado y se trabaja traduciendo textos de forma que se desarrollan más las competencias de comprensión que las de producción. Si por fin luego tienes la oportunidad de venir a Finlandia y poner en práctica lo aprendido, es entonces cuando empiezas a soltarte.

Libro para aprender finés. Fuente (CC: by-.sa) [10]

Estas últimas tres semanas he participado en la escuela de verano de lengua finlandesa de la universidad de Jyväskylä. Me ha dejado alucinado tanto por los medios materiales, como por el intenso programa de tiempo libre y la estupenda preparación que las profesoras, que además son encantadoras, hacen de las lecciones. Me pusieron en el cuarto curso de cinco – después de haber hecho hasta cuarto de la EOI y haber sacado el certificado de B1 – y cuando vi que se me hacía demasiado fácil, pedí cambio al quinto y no hubo ningún problema.

En estas tres semanas he terminado de ver lo que me quedaba de la gramática del finés, verbos causativos, expresiones idiomáticas y “lausenvastiket”, que son sustituciones de oraciones relativas mediante participios e infinitivos. El idioma finés [11] tiene para dar y tomar, frases que equivalen a nuestras construcciones de gerundio, o construcciones finales que equivaldrían a perífrasis de infinitivo españolas del tipo “para comer” o “me voy a estudiar”, etc. Vamos, si te gustan los idiomas y más los complicados, disfrutas como un enano.

Avión de Finnair que te lleva a Finlandia. Fuente (CC: by-nd) [12]

Siguientes ideas para volver a Finlandia

Ahora el reto que tengo en Finlandia es buscarme trabajo. Pese a que no paro de escuchar que el mercado está “very hot” y que hacen falta informáticos a punta de pala para satisfacer las necesidades de la industria IT finlandesa, creo que en realidad no es tan fácil porque a pesar de mis títulos (soy ingeniero de software por una universidad buena) y de tener años de experiencia, no me llaman. A lo mejor el truco es irse a Helsinki y dejarse caer por eventos de emprendedores, porque seguro que hay algún emprendedor que necesite un picatecla cualificado y al que no le importe que no sepas finés del todo o que solo hayas trabajado en el sur de Europa.

¡Prepárate Finlandia, que a la tercera, va la vencida! 🙂


Y hasta aquí la experiencia de César. ¿Qué parte de las tres te ha gustado más? ¿En qué te has sentido (y no) identificado?