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Javi (1): Finlandeses y Finlandia

Tal y como prometí (You’re spanish, so I didn’t believe you, me dijo Vibhor ayer) aquí están las impresiones de Javi respecto a su viaje junto a nuestra querida Bea [1] a mi nueva tierra.

Dentro de poco le podnré fotitos, pero tendréis que ser ligeramente pacientes (aun no se las que pondré, cada día que estuvieron aquí saqué más de cien) .

Allá va:

A mi regreso de Finlandia, mi amigo Santi, a quien fui a visitar junto con mi amiga Bea, me pidió que le hiciera un pequeño diario sobre mis impresiones en cuanto al viaje. Aquí lo presento ahora, dividido en tres apartados.

FINLANDESES Y FINLANDIA

Hay varias cosas que pueden llamar la atención de un español en Finlandia. Verdaderamente no es tan solo el idioma lo que nos diferencia tanto de este pueblo. Si uno viaja a aquel país se encontrará con gente con una “fisonomía rusa” muy marcada. La mayor parte de la población tiene caras anchas y cabellos rubios, y normalmente narices pequeñas. Pero más importante es su temperamento: los finlandeses son gente fría (en gran medida, una obviedad). Les ves caminando por la calle con caras largas, incluso con expresión de tristeza o enfado. Sin embargo, si abordas a cualquiera de esos transeúntes para preguntarles cualquier cosa, dibujarán una amplia sonrisa en su cara y te ayudarán en todo lo que puedan. Y no creo que lo hagan con hipocresía en absoluto.

No obstante, todos son seres humanos y también encontraremos a plena luz del día (y de la noche) a bastantes borrachos crónicos. Si bien todos con los que yo me topé en mi breve estancia eran más o menos inofensivos.
Hay otro punto en contra de los finlandeses: su exceso de frialdad. Según me contaron, está prohibido (o al menos muy mal visto) el acariciar a un niño pequeño. Un educador tan solo tiene permitido darle un toquecito de apoyo en la espalda. Quién sabe si ese sistema de educación no será el que forje a los alcohólicos del futuro, aunque pensándolo bien, siendo éste uno de los países con menos delincuencia del mundo, casi lo prefiero así.

Tuve la oportunidad de ver una escena muy típica en Finlandia cuando esperaba un día el autobús: los fineses van llegando silenciosamente a la parada, en la ocasión que relato, sobre todo madres con niños, y esperan el autobús sin hacer un solo ruido, incluso mirando al infinito, no fuera a ser que el cruzarse la vista con otro pudiera ofender. Me dijeron incluso que en Finlandia los perros no ladran.

Pero si de algo hay que calificar a los finlandeses (al menos a la mayoría) es de honestos. Allí nadie roba a nadie, y según me relataron, si pierdes por ejemplo, una bufanda, cuando vuelvas al lugar donde creíste perderla, con toda seguridad la encontrarás atada a un árbol.

Si tengo que hacer un balance de los pros y los contras de ambas sociedades, personalmente, yo me quedo con Finlandia.