Jippo Joensuu – equipo de fútbol finlandés

El día uno de octubre por la tarde no tenía nada que hacer por ser sábado, y a Miguel y a mí se nos ocurrió presentarnos en el campo del Jippo Joensuu, el equipo de fútbol local.
Yo esperaba que no fuera muy caro, y después de todo tampoco lo era. El Jippo Joensuu está en segunda división (Finandesa, ejem) y no parece mucho más popular que, por ejemplo, el Alcalá. La entrada finalmente fueron 5 euros.

Cinco Euros??!!

La liga de futbol finlandesa se juega en los meses que no son invierno, con lo que si no íbamos a ver al Jippo ayer no ibamos a verlo hasta entrada la primavera.

El equipo juega con camiseta roja patrocinada por Puma, con una raya blanca en el hombro que va desde el cuello hasta la manga. Los pantalones son negros. Es curioso pero cada jugador lleva su propia publicidad, distinta a la de los demás jugadores, incluso en el pantalón. Parece ser que se patrocina al hombre y no al equipo, con lo que se podía ver publicidad desde Wolkswagen a JetSet (un bar lleno de camisetas de deportes).

Llegamos veinte minutos tarde al partido, advertidos de que eran un poco patanes jugando al fútbol en finalndia, pero nos sorprendimos en seguida de que, a pesar de no haber grandes ideas sobre el césped, al menos los chicos sabían lo que se hacían.
El partido se jugaba en un césped de hierba real enfrente del estadio cubierto de Joensuu, el Arena. El día era bastante bueno y nos tuvimos que quitar hasta los abrigos para ver el partido.

Jiiiiippooooo Joeeeeensuuuuuu!!

En el medio tiempo, cuando el Jippo Joensuu iba ganando ya uno a cero, nos encontramos con Carston, que había ido al partido con sus amigos finlandeses. Según nos dijo, era la final de segunda división; el que ganase subiría a primera división, pero el Jippo tenía un gol de desventaja de la ida de un gol: las cosas estaban empatadas de momento.

En la segunda parte el Jippo siguió acechando la puerta contraria, dándole trabajo al portero y a la defensa. Era un monólogo de ataque. Finalmente el Joensuu metió otro gol y la grada finlandesa al fin mostró algo de garra, ya que los únicos que hacían algo de ruido eran unos chavales de unos doce años con un tambor colocados en el fondo sur (ellos solos).

Que coño, miguel también anima

Tras el gol el catenaccio. El Jippo se encerró en su área y sólo logró hacer un par de contraataques más. El otro equipo (creo que era de Helsinki, pero no tengo ni idea) estuvo intentándolo una y otra vez pero al final la victoria y el pase a primera fue para el Joensuu.
Justo antes del pitido final Miguel y yo nos fuimos a la puerta del túnel de vestuarios, y cuando todos se pusieron a celebrarlo nos hicimos algunas fotos con los alegres jugadores locales. También vimos unas cuantas banderas del Jippo y nos cogimos una para cada uno.

Si, las mangamos

Fue un buen día.



Fineses…

Estoy en el aula de informática de mi uni. Los sitios están divididos para crear cierto gradi de intimidad en cuadraditos, separados por la clásica mampara gris, y aunque las mesas son de un optimista color marrón claro el tono es un poco depresivo. Viva la informática.

En uno de los cuadraditos no se sienta nunca nadie. Eso es porque alguien dejó, hace mucho mucho tiempo, unos cascos con micrófono, cincuenta y cinco céntimos y dos muñequeras roñosas.

Creo que si pasa un mes aquí es que es del que se lo encuentre. En cuanto me quede solo en el aula lo cojo y ya puedo hablar en casa 🙂

Los fineses nunca roban.



Resumen(6)

Mi portal

Henna y su amiga me dieron la llave de mi puerta y la abrí por primera vez. A la izquierda nada más entrar había unas perchas para colgar la ropa y a la derecha las puertas de las habitaciones. La mía era la última de ellas. La primera estaba abierta y pude ver un gran desorden dentro. Mientras avanzaba con mis tutoras por el pasillo apareció una chica bajita y morena secándose el pelo.
La chiquilla era bastante mona, con lo que por un momento pensé que las habitaciones eran mixtas y daba gracias porque me hubiera tocado una como ella como compañera.

–Esta y yo tendremos que hablar mucho– pensé.

Metí todo en mi habitación y volví a salir al pasillo del edificio con mis tutoras. Ellas le dieron un Survival Package a mi vecino de enfrente, al que me presentaron pero sólo volví a verle otro día en una fiesta y ya no puedo recordar su nombre.
Antes de que se despidieran del todo me dijeron que quedábamos a las 12 de la mañana en Elli, la oficina que alquila las casas para estudiantes, que está en Keskusta (el barrio del centro), en la calle Niskakatu. Me marcaron el sitio en el plano y se fueron.

Yo, como tenía que llamar a mis padres tomé un pequeño desayuno, compuesto otra vez por conchas Codan y un brik de biofrutas y me puse a buscar un teléfono público por los alrededores. Ví una calle principal, Utrantie, y decidí seguirla. Al poco encontré un pequeño centro comercial cerrado en el que no encontré ningún teléfono público, de modo que seguí andando. En seguida dí con una estación de servicio con precios exhorbitados y la cafetería abierta y decidí entrar.
El lugar estaba lleno de señores mayores con chándals horteras, como en cualquier lugar. Pregunté a la dependienta si había teléfono público y me dijo que no, pero que podía usar el de la gasolinera si necesitaba llamar. Le dí las gracias y llamé a cobro revertido a casa. Se puso mi madre, visiblemente soñolienta, pues debían de ser las 6 de la mañana en España y le conté mis visicitudes en el viaje y que me quedé sin dinero en el móvil. Después de eso compré una tarjeta telefónica para llamar dentro de la ciudad a Vibhor, el tipo hindú que tenía mi sirvival package, y me fui otra vez a casa a dormir.

A las 11 puse el despertador y tras remolonear un rato me puse de pie y me dí una ducha en mi piso. Mientras dormía me habían molestado bastante la luz que entraba por las ventanas sin cortinas y la música que mis compañeros de piso ponían. Cuando salí por la puerta me saludaron dos tipos y se presentaron, eran Dominik y Wojtek, mis compañeros de piso. Yo estaba ligeramente confundido, creía que vivía con una chica y alguien más. Sin entender muy bien qué pasaba me metí a la ducha y me quedé un rato largo.

Me cambié de ropa, ya la que del viaje olía un poco a sudor y me puse en marcha hacia Elli con el plano en la mano. Yo sabía que Joensuu tenía sólo 58.000 habitantes, pero la distancia entre Rantakyllä y Keskusta es un paseo de tres cuartos de hora si se camina rápido y de hora-hora y pico si se camina lento. Nada más salir de casa me eoncontré con Beth y le dije hola. Ella no me saludó.

Llegué al Elli media hora tarde pero mi tutora no estaba allí. Tuve que esperar otra media hora en una cola bastante larga y bajo un sol bastante más pegajoso de lo que cabría esperar para Joensuu, detrás de Louise y Sophie (en aquel momento, claro, no sabía quién eran Louise and Sophie) antes de que mi tutora apareciera, con otras dos tutoreadas cuyos nombres no me sé y supongo que no me sabré. Una de ellas era de Namibia y la otra de Marruecos. Ambas no muy bellas.

Esperamos en la cola otras dos horas y mientras esperábamos me estaba muriendo de sed, de hambre y de cansancio. Me comí unas cuantas galletitas y bebí un vaso de un extraño zumo. En la cola ya se percibía que Henna pasaba un poco de mí, pero tampoco le dí mucha importancia y me centraba sobre todo en intentar escuchar algo de español a mi alrededor: lo último que escuché en español fueron unas cuantas frases en el avión a Ámsterdam.

En la cola ví de lejos, mientras se iban, a las que ahora conozco como Esther y Clara, pero ya se estaban yendo. En el resto del rato no vi a nadie más conocido ni español. Mandé un sms a Vihbor antes de que llegara mi turno y me respondió que pasase por su casa a tomar un café y a mirar lo de mi survival package. Firmé mis cosas y me fuí a ver a Vihbor.



Todo Ok

He hablando con mis compis de piso y están de acuerdo en que se vengan amigos a dormir aquí.
Se abre la veda.



Pequeña Victoria

En el culebrón de limpiar el piso parece que hemos dado un paso adelante.

Hace un par de días limpié los fogones que yo no había ensuciado y les dejé una nota a mis compañeros de piso para que se aplicasen el cuento y limpiasen su propia inmundicia, proponiendo que hicieramos una planificación para repartirnos la tarea de limpiar las zonas comunes.

Al final hoy hablamos sobre el tema y ya está hecho. Por fin podré ir al baño sin poner papel en el asiento del water e ir sin sandalias a la ducha se perfila como una opción a tomar en cuenta.

Siguiente paso: decirles q mis amigos se quedan a vivir una semana. Fácil, probablemente.




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