Informática en Erasmus

Informática

Como ya he comentado en alguna parte del blog sí, es verdad: soy informático (o al menos estoy a punto). Y claro, enséñale tú a la gente lo que haces.
Si no haces programas se extrañan y no se enteran qué demonios haces, y si los haces te preguntan “¿Y te has quedado toda la noche despierto para hacer esto?” Y el esto lleva birria escrita en la frente. Incluso hayas hecho algo resultón gracias al Swing. Y es por eso que la carrera está tan poco valorada: se nos ve como a frikis de los ordenadores que están ahí pasando el rato más que estudiando o trabajando.

También leo en Baquia que las camisetas heavys son la ropa preferida de los informáticos, y que tenemos un 32% menos de posibilidades de cambiarnos de ropa todos los días.

Pues bien, esto que puede quedar en anecdótico en España (sí, vale: los hay, de un 20% a un 50% en mi antigua clase), se dispara en el Erasmus. Ropa de los 80 (de la que ni siquiera era moda en los 80), minigrupos de auténticos atrapados, geniecillos en clase, gafas con cordones para colgárselas al cuello… . Y de los que tampoco se cambiaban demasiado a menudo.

Es que es terrible aparecer en una clase y estar rodeado por gente con la que no conectas en absoluto porque, vamos a ver, es completamente otro rollo. Siendo minoría la gente que ha elegido informática por gusto, el resto son todos de la peor calaña, unos auténticos frikis. Y cuando un grupo de frikis es muy numeroso, imponen su estilo y su ley en clase.

En mi clase en Finlandia si alguno de ellos hacía alguna gracia se reían todos a coro y yo no lo entendía. No tenía gracia ninguna. ¡Simplemente no podía reírme!. Miraba a los demás y reía un poquito si al profesor (nunca os fiéis del sentido del humor de un profesor ruso) le hacía gracia. Y es no estar a gusto en clase cuando alguien sale a hacer un ejercicio y los todos los demás que sí hicieron sus deberes no tienen piedad con los que no lo hicieron. Se creen más listos, son mayoría y hacen pagar lo malo que les ha pasado en la vida a los que no son como ellos.
No me interpretéis mal, es para prevenir a los que os vayáis de Erasmus y os cambiáis a diario.

Los informáticos de otros lados de Europa son todos extraños (salvo raras excepciones), del tipo a los que les hubieran quitado el dinero de la comida o sus cromos más valiosos en el recreo tras una paliza coral a base de collejas. Son competentes, sabes que trabajan y te pueden sacar las castañas del fuego en algún proyecto de clase, pero no es la gente con la que deberíais juntaros cuando salís de clase. Podrían hacer como hizo Dominik.

Por todo esto, y no por otra cosa, a veces cuando me preguntan qué es lo que hago, simplemente digo cualquier otra cosa, aunque no lo mismo que contaba sofá naranja, sino decir que estudio cualquier otra cosa.

En una conversación cualquiera…

— ¿Y tú que estudias?
— Pues, pues… ¡adivina!.
— Mmmm, ¿[ponga aquí su carrera/estudios favorito]?
— Sí, ¿cómo lo has adivinado?

Y si es chica y dice que es adivina, pues a seguir con la conversación.

Como dicen en el artículo (sí, eso salió en una revista científica) Haciendo la ingeniería sexy, somos nuestro propio enemigo.

We are good at attracting nerds, people more interested
in numbers than words, and kids whose parents
are engineers