Los finlandeses piensan que viven con demasiadas normas

Creo que fue en mis primeros días en Finlandia – en Joensuu, una ciudad de unos 50.000 habitantes – donde presencié un hecho insólito para un español.

Fue en una calle larga, donde se veía todo perfectamente a un lado y a otro. El semáforo estaba en rojo. No venia ningún coche ni se les esperaba (por aquello de la buena visibilidad). Seguía el semáforo en rojo. Seguía sin venir nadie. Nadie cruzaba.

Semáforo en Helsinki
Un semáforo en la noche de Helsinki. Fuente (CC: by)

Tras un buen rato así finalmente se puso el semáforo en verde y los que esperaban pasaron, pero se me quedó grabado que en un caso tan flagrante de regulación por regulación ellos obedecieran sin cuestionarlo. Los semáforos están para organizar un flujo de tráfico y dar un marco para actuar cuando hay muchas personas que quieren ir a sitios distintos y hay que ponerse de acuerdo para no poner a nadie en peligro. Como ayuda y ente imparcial cuando el sentido común no basta, porque hay demasiadas personas para ponerse de acuerdo.

Pero cuando no había nada de tráfico ellos seguian quietos, obedientes. Sobre este tema escribí este post.

Las normas en el extranjero

Hay una sensación entre los españoles en España – hayan viajado un poco o no – de que en el extranjero todas las normas son buenas, juiciosas, cívicas, necesarias y que los extranjeros las cumplen porque son más cívicos. O más que los extranjeros, digamos desde el norte de Francia en adelante, que a franceses, portugueses etc. parece que está socialmente aceptado ponerlos verdes.

Cualquiera que viva fuera más de un año o dos, que se interese y que no sufra el síndrome de Helsinki o se le haya curado ya sabe que esto no es cierto. En el norte no son mejores ni peores. Algunas cosas las hacen mejor, otras las hacen peor (véase nuestro post en los 7 rankings importantes en los que ganamos a los finlandeses aunque ellos también ganen en otros tantos).

Finlandeses caminando por la plaza del mercado
Finlandeses dando un paseo por el centro de la capital de Finlandia. Fuente (CC: by-sa)

Por ejemplo, yo no he visto peores conductores y hacer más pirulas con el coche como en Alemania. Si eres de los que te quejas de rotondas no querrás saber cómo es un mundo sin ellas, como en Berlín, donde cualquiera casi en cualquier momento bloqueará una calle para dar cuatro maniobras para ponerse en sentido contrario y seguir su camino, en vez de rodear una manzana de pisos. Donde cuando hay un encontronazo porque ellos se hayan saltado las normas y tú lo hayas hecho bien, en cualquier ámbito, aún así se quejarán, te dirán que es culpa tuya de alguna manera y se irán rezongando. Esa actitud pocha. Así de cívicos y siguiendo normas.

No falta, no obstante (diría que abunda) quien glorifique lo de fuera simplemente porque no lo conoce y que piense que es una especie de paraíso terrenal. Uno de los posts que mata un mito de estos es por ejemplo uno que habla de la policía alemana, nacido a raíz de alguien mostrando su desconocimiento que afirmaba “a mí me daría gusto que me detuvieran”.

Los finlandeses creen que viven con demasiadas normas

Dejando lo de los extranjeros, las normas, y nuestra percepción de ellos (reducido en el corolario de “si lo hacen ellos = bien. Si lo hacemos nosotros = mal”) me topé con este artículo en el YLE en el que los finlandeses decían que vivían bajo demasiadas regulaciones.

– El 76% de los finlandeses creen que el país tiene demasiadas reglas y regulaciones innecesarias (y esa es la palabra clave: no solo demasiadas, sino demasiadas innecesarias que tienen que sufrir).

– El 78% cree que las regulaciones y normas que hay se aplican de manera demasiado estricta. Especialmente menciona reglas sobre negocios, construcciones y renovaciones en una casa. También creen que los horarios en Finlandia en cuanto a horas de apertura deberían ser más flexibles.

– Las regulaciones sobre cosas como bancos y temas de consumidores son las que menos quejas tienen. Menos del 15% de los que respondieron dijeron que estos sectores sufrían de sobrerregulación. Más o menos había el mismo número de quejas en temas medioambientales.

– Finlamente, en las cosas que les afectan en la vida diaria (no pude ver si incluían semáforos), los finlandese decían en un 47% que sufrían el peso de la sobrerregulación, mientras el que 42% decían que las normas actuales les iban bien para su estilo de vida.

Formularios en finlandés
Claro que puede, claro. Pero primero rellene estos formularios primero. Fuente (CC: by)

En cualquier caso el primer paso es reconocerlo, aunque probablemente no cambien demasiadas cosas. Eso sí, darse cuenta de ello es un ejercicio sano y de madurez. Y quizá puedan rebelarse un poco contra alguna norma que no tenga sentido siempre, sino solo a veces.

Quién sabe si pronto acabarán cruzando el semáforo cuando no venga nadie. Acción a la que le dedicaron un pequeño estudio. Por cierto, ¿sabías que la gente tiende a seguir en un número de tres veces más al que cruza en rojo si éste lleva traje y corbata? Vuelvo a recomendar aquí el libro del Dr. Robert Caldini “Influence: the psychology of persuasion“, donde este hecho y otros están explicados.

¿Has tenido alguna experiencia, en España, Finlandia o el extranjero, en el que te has encontrado con demasiadas normas? ¿Sabes de alguna anécdota de saltarse las normas, por puro sentido común, en el extranjero?