Cultura de segunda mano

Otro título sensacionalista para el blog. No, a lo que realmente me refiero es que en Finlandia hay un montón de tiendas de segunda mano que venden prácticamente de todo.

En Joensuu he encontrado cuatro tiendas que se dedican a vender cosas de segunda mano. Dos de ellas, como las que se pueden encontrar delante y detrás del Antilla (cruzando la calle desde la puerta principal una y, en la misma manzana, justo el lado contrario de la citada puerta) y se dedican a la venta de ropa de segunda mano y cachivaches menores varios (tostadoras, vinilos, dvd’s, discos, patines, zapatillas, material para la bici…).
Otra se encuentra en una calle paralela a Utrantie, en la ruta normal para ir a comprar al Lidl, que se dedica mayormente a la venta de cosas para la casa como vasos, tazas, televisores etc.
La última se dedica a la venta de muebles de segunda mano, donde se pueden encontrar sofás por cinco euros y con una tasa por transporte a casa de otros cinco euros. Esta está detrás de Torikatu, relativamente cerca del centro.Sigo prenguntándome por qué no tengo un sofá en mi cocina…

Las tiendas siempre están bastante llenas de gente y debe ser un negocio rentable, pero aún no me explico cómo consiguen tanta ropa y otras cosas. En la tienda de enfrente del Antilla, la que más frecuento (corrección, la única que frecuento) se pueden encontrar abrigos Columbia por menos de treinta euros y ropa de marca a precios de risa. La colección, de todas maneras, para lo grande que es, tiene poco interesante.
Mi única adquisición seria en la tienda de segunda mano fue una americana del ejército ruso que encontré por cinco euros y que tiene más manchas de las que podría contar. De hecho creo que me costará más la tintorería que lo que pagué por ella…

De todas maneras… Por qué no habrá tiendas así en España y nos tenemos que conformar con Los Lunes? (perdón por poner un sólo signo de interrogación. Teclados fineses…)

Conmigo tendrían un cliente.

Bea en la second hand
Mi querida Bea, en la second hand.
No, desgraciadamente no se compró el sombrero.